La Catedral de La Habana: historia y arquitectura

Por Redacción Iglesia Cubana · Actualizado 4 de noviembre de 2026

En el corazón de La Habana Vieja, frente a una de las plazas más armoniosas de América, se levanta la catedral de la ciudad. Su fachada de piedra coralina, ondulada y asimétrica, es una de las imágenes más reconocibles de Cuba. Esta guía cuenta cómo una iglesia jesuita llegó a ser catedral y qué conviene mirar al visitarla.

Una iglesia jesuita

La historia comienza a mediados del siglo XVIII, cuando los jesuitas obtuvieron autorización para establecerse en La Habana y levantar un colegio con su iglesia en una zona entonces conocida como la Ciénaga, un terreno pantanoso junto al puerto donde se recogía agua para los barcos. Las obras avanzaron despacio. En 1767 el rey Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús de todos sus dominios, y el templo quedó sin terminar.

Tras la expulsión, el edificio se completó para otros usos. La gran transformación llegó en 1787, cuando se creó la diócesis de La Habana, separada de la de Santiago de Cuba. La antigua iglesia de los jesuitas fue elegida como sede, y en 1788 se consagró como catedral. Desde entonces es la iglesia madre de la capital.

La fachada: piedra que parece moverse

Lo primero que sorprende es la fachada. Está construida con piedra caliza de origen coralino, extraída de la costa cercana, en la que todavía pueden verse fósiles marinos. Sus líneas curvas, columnas adosadas y cornisas onduladas pertenecen al barroco, y producen la sensación de una superficie en movimiento.

A la fachada se le ha aplicado muchas veces la expresión «música hecha piedra», que suele relacionarse con el novelista Alejo Carpentier, gran conocedor de la arquitectura habanera. Sea cual sea su origen exacto, describe bien el efecto que produce verla al atardecer, cuando la luz resalta los relieves.

Dos torres distintas

Las dos torres que flanquean la fachada no son iguales: una es visiblemente más estrecha que la otra. La explicación que se repite con más frecuencia es que la torre más estrecha se ajustó para no invadir una calle lateral y permitir el paso del agua que corría hacia la Ciénaga. Esta asimetría, lejos de restar belleza, se ha convertido en parte del carácter del edificio.

El interior

El interior es más sobrio de lo que anuncia la fachada. Tiene planta de tres naves con capillas laterales. A comienzos del siglo XIX el obispo Juan José Díaz de Espada, figura muy influyente en la vida cultural habanera y protector del joven Félix Varela, impulsó una reforma de gusto neoclásico que sustituyó buena parte de los antiguos retablos barrocos. De esa época datan varias pinturas y elementos decorativos.

Entre las piezas que suelen destacarse están las pinturas del presbiterio, atribuidas al italiano Giuseppe Perovani, y las imágenes y el altar mayor de mármol, trabajado en Italia. El edificio ha pasado por varias restauraciones, la más reciente en el siglo XXI.

Los restos de Colón

Durante un siglo la catedral guardó unos restos atribuidos a Cristóbal Colón. Fueron trasladados desde Santo Domingo en 1796, después de que España cediera esa parte de la isla de La Española a Francia. Permanecieron en La Habana hasta 1898, cuando, con el fin del dominio español en Cuba, se llevaron a la catedral de Sevilla. La autenticidad de esos restos fue debatida durante mucho tiempo, porque en Santo Domingo se afirmaba conservar los verdaderos.

La Plaza de la Catedral

La catedral da nombre a la plaza que tiene delante, la última de las grandes plazas de La Habana Vieja en configurarse. Rodean la plaza palacios coloniales de los siglos XVIII y XIX con portales y vitrales de medio punto. En uno de ellos, el antiguo palacio de los condes de Casa Bayona, funciona el Museo de Arte Colonial. El conjunto forma parte de La Habana Vieja, inscrita por la UNESCO en la lista del Patrimonio Mundial en 1982.

La catedral en la vida de la Iglesia

Además de monumento, la catedral es sede del arzobispo de La Habana y escenario de las grandes celebraciones de la arquidiócesis: ordenaciones, misas crismales, la clausura de años jubilares. Durante la visita del papa Francisco en 2015 se celebraron allí las vísperas con sacerdotes, religiosos y seminaristas. Puede leer más sobre ese viaje en la guía de las visitas papales a Cuba.

Una breve cronología

Esta secuencia ayuda a entender por qué el edificio combina una fachada plenamente barroca con un interior más sobrio: es el resultado de distintas épocas, gustos y necesidades. La catedral no se pensó como tal desde el principio, y esa historia de adaptaciones es parte de su interés.

Consejos para la visita

Otras guías

La catedral es solo uno de los lugares clave de la historia católica de Cuba. En el oriente, el Santuario del Cobre es el principal destino de peregrinación del país; en las afueras de La Habana, el santuario de San Lázaro en El Rincón reúne a miles de personas cada diciembre. Vea todas las guías en el índice.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se llama oficialmente la Catedral de La Habana?

Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada de La Habana, aunque popularmente se la conoce también como catedral de San Cristóbal, por el patrono de la ciudad.

¿Quién construyó la Catedral de La Habana?

Los jesuitas iniciaron la obra a mediados del siglo XVIII como iglesia de su colegio. Tras su expulsión en 1767 el edificio se terminó y en 1788 se convirtió en catedral de la nueva diócesis de La Habana.

¿Por qué sus torres son distintas?

Las dos torres de la fachada tienen anchuras diferentes. Una explicación habitual es que la más estrecha se ajustó para no estorbar el paso de una calle lateral; es una de las singularidades más comentadas del edificio.

¿Estuvieron allí los restos de Colón?

Sí. Unos restos atribuidos a Cristóbal Colón se trasladaron a la catedral en 1796 desde Santo Domingo y permanecieron en ella hasta 1898, cuando fueron llevados a Sevilla.

Fuentes