Alocución radial de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en ocasión de la Navidad 2015

5 de enero de 2016

Texto de archivo publicado el 5 de enero de 2016 en la sección «Noticias de Santiago de Cuba».

Alocucion de Navidad del Obispo de Santiago de Cuba

Arquidiócesis de Santiago de Cuba, 28 de diciembre de 2015: ¡Gloria a Dios en los cielos y en la tierra Paz a los hombres amados por Dios!

Quiero felicitarles, hermanos y hermanas y a sus familias, que están sintonizando la radio provincial CMKC, escuchando el tradicional mensaje que el Arzobispo de Santiago de Cuba le dirige a todos los santiagueros por estos días alegres y de profundo sentido familiarque es la Navidad.

Los cristianos del mundo entero celebran en el 25 de diciembre el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que, según nos narran los evangelios, nació, por obra del Espíritu Santo, en Belén. Su madre fue una muchacha llamada María, que estabacomprometida en matrimonio con José. Tal cómo siguen narrando los evangelios, Dios la escogió entre todas las mujeres y la llenó de gracias para que fuerala madre del Hijo de Dios. Ante esta intervención de Dios, José acogió a María y al niño Jesús, lo educó y fue para él su padre ante los ojos de los hombres.

Por estos motivos, tan humanos, la Navidad es también una fiesta familiar. En los templos se ponen los nacimientos con las típicas figuras de Jesús, María y José. La Sagrada Familia. Es una fiesta en que siguiendo una tradición muy antigua, que ojalá se recuperare totalmente,la familia se reúne en la cena del 24 de diciembre, día de Noche Buena, para esperar el 25, el día de la Navidad. El celebrar esta fiesta contribuye a que la familia se encuentrepara compartir la cena familiar, los que están lejos hagan lo posible por encontrarse con los padres y hermanos, esto hace que las diferencias se suaviceny se favorezcan y refuercen las relaciones familiares.

El Papa Francisco en su reciente visita a Santiago de Cuba se reunió con familias en nuestra catedral. Él nos habló sobre la importancia de la familia como uno de los mayores bienes a alcanzar y conservar. La familia, los hijos es algo querido por Dios y necesario para cada ser humano. Quisiera recordarles algunos fragmentos de las palabras que nos dirigió.

Nos recordó la necesidad compartir en el seno del hogar y la importancia que esto tiene para que el matrimonio y la familia marchen bien.

“Recuerdo en mi diócesis anterior que muchas familias me comentaban que el único momento que tenían para estar juntos era normalmente en la cena, a la noche, cuando se volvía de trabajar, donde los más chicos terminaban la tarea de la escuela. Era un momento especial de vida familiar. Se comentaba el día, lo que cada uno había hecho, se ordenaba el hogar, se acomodaba la ropa, se organizaban tareas fundamentales para los demás días, los chicos se peleaban, pero era el momento. Son momentos en los que uno llega también cansado y alguna que otra discusión, alguna que otra «pelea» entre marido y nos recuerda que la familia es el lugar primero y fundamental para educar a nuestros hijos para que el día de mañana sean hombres y mujeres de bien.”

“Es en casa donde aprendemos la fraternidad, donde aprendemos la solidaridad, donde aprendemos a no ser avasalladores. Es en casa donde aprendemos a recibir y a agradecer la vida como una bendición y que cada uno necesita a los demás para salir adelante. Es en casa donde experimentamos el perdón, y estamos invitados continuamente a perdonar, a dejarnos transformar. Es curioso, en casa no hay lugar para las «caretas», somos lo que somos y de una u otra manera estamos invitados a buscar lo mejor para los demás.”

“La familia es escuela de humanidad, escuela que enseña a poner el corazón en las necesidades de los otros, a estar atento a la vida de los demás. Cuando vivimos bien en familia, los egoísmos quedan chiquitos –existen porque todos tenemos algo de egoísta–,… A pesar de tantas dificultades como las que aquejan hoy a nuestras familias en el mundo, no nos olvidemos de algo, por favor: las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad. Una oportunidad que tenemos que cuidar, proteger y acompañar. Es una manera de decir que son una bendición. Cuando vos empezás a vivir la familia como un problema, te estancás, no caminás, porque estás muy centrado en vos mismo.”

Las personas humanas necesitamos de las familias para crecer a plenitud.

“Sin familia, sin el calor del hogar, la vida se vuelve vacía, comienzan a faltar las redes que nos sostienen en la adversidad, las redes que nos alimentan en la cotidianidad y motivan la lucha para la prosperidad. La familia nos salva de dos fenómenos actuales, dos cosas que suceden hoy día: la fragmentación, es decir, la división, y la masificación. En ambos casos, las personas se transforman en individuos aislados fáciles de manipular, de gobernar. Y entonces encontramos en el mundo sociedades divididas, rotas, separadas o altamente masificadas, que son consecuencia de la ruptura de los lazos familiares, cuando se pierden las relaciones que nos constituyen como personas, que nos enseñan a ser personas. Y bueno, uno se olvida de cómo se dice papá, mamá, hijo, hija, abuelo, abuela… se van como olvidando esas relaciones que son el fundamento. Son el fundamento del nombre que tenemos.”

Si queremos dejarles a nuestros hijos la mejor herencia luchemos por nuestras familias eso les enseñará a convivir conlos demás y a luchar en la vida.

“Se discute mucho hoy sobre el futuro, sobre qué mundo queremos dejarle a nuestros hijos, qué sociedad queremos para ellos. Creo que una de las posibles respuestas es: dejemos un mundo con familias. Es la mejor herencia. Dejemos un mundo con familias. Es cierto que no existe la familia perfecta, no existen esposos perfectos, padres perfectos ni hijos perfectos, y si no se enoja –yo diría–, suegra perfecta. No existen. No existen, pero eso no impide que no sean la respuesta para el mañana. Dios nos estimula al amor y el amor siempre se compromete con las personas que ama. El amor siempre se compromete con las personas que ama. Por eso, cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana. Cuidemos a nuestras familias, verdaderos espacios de libertad. Cuidemos a nuestras familias, verdaderos centros de humanidad. Y aquí me viene una imagen: cuando, en las Audiencias de los miércoles, paso a saludar a la gente, y tantas, tantas mujeres me muestran la panza y me dicen Padre: “¿Me lo bendice?”. Yo les voy a proponer algo a todas aquellas mujeres que están “embarazadas de esperanza”, porque un hijo es una esperanza: que en este momento se toquen la panza. Si hay alguna acá, que lo haga acá. O las que están escuchando por radio o televisión. Y yo a cada una de ellas, a cada chico o chica que está ahí adentro esperando, le doy la bendición. Así que cada una se toca la panza y yo le doy la bendición, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y deseo que venga sanito, que crezca bien, que lo pueda criar lindo. Acaricien al hijo que están esperando.”

“Muchas gracias. Y quiero decir una palabra de esperanza. Una palabra de esperanza que quizás nos haga girar la cabeza hacia atrás y hacia adelante. Mirando hacia atrás, memoria. Memoria de aquellos que nos fueron trayendo a la vida y, en especial, memoria a los abuelos. Un gran saludo a los abuelos. No descuidemos a los abuelos. Los abuelos son nuestra memoria viva. Y mirando hacia adelante, los niños y los jóvenes, que son la fuerza de un pueblo. Un pueblo que cuida a sus abuelos y que cuida a sus chicos y a sus jóvenes, tiene el triunfo asegurado. Que Dios los bendiga y permítanme que les dé la bendición, pero con una condición.”

Les invito a todos reunirse en familia en estas Navidades y a participar en las celebraciones en nuestras Iglesias, hoy día 25, Día de Navidad, y en los días siguientes. Que venga la familia completa los padres, con los hijos y abuelos, a contemplar los adornos navideños y villancicos y a orar por nuestras familias.

Les bendice a Ustedes y a sus familias.

En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

+ Mons. Dionisio García Ibáñez