Construcción navideña en la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús
Texto de archivo publicado el 5 de enero de 2016 en la sección «Noticias de Santiago de Cuba».

Marisol de la Cruz Tejeda
Arquidiócesis de Santiago de Cuba, Santiago de Cuba, parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, 28 de diciembre de 2015: Solo el que es capaz de soñar es capaz de transformar, cuántas esperanzas quedan mutiladas en un mundo que hace de la Navidad una venta de lo que adorna. Cuánto ruido nos distrae del misterio del Amor, que CREA…Hace una semana en mi parroquia había tanto polvo que era casi desquiciado pensar en la Gala y el compartir de la comunidad de Santa Teresita del Niño Jesús, en Santiago de Cuba, en medio de aquellos andamios. Como cualquier casa en plena construcción a todos nos llegaba el ajetreo, los esfuerzos por mantenerlo todo lo más limpio posible, el cura estresado, la gente inconforme, el ambiente volátil…el Adviento se despedía, y qué tristes se veían las paredes.
La primera sorpresa fue celebrar la misa de Noche Buena a las seis de la tarde, hubo una protesta desde nuestra juventud apenas se anunció: “¡qué temprano, y aburrido!”. Pero el padre Leandro nos propuso esta vez, “correr a la gruta” donde el niño Jesús nace y quiere ser acogido: la familia. Mucho lo agradecimos todos los que (también por amor y fe comprometida) hacía años teníamos que picar cualquier cosa, correr a la parroquia y dejar a nuestros familiares cenando y haciendo chistes de sobremesa.
“Me entristece que la Navidad ha llegado y en medio de la construcción no ha habido ni lugar ni tiempo para montar el arbolito” decía el padre Leandro en la homilía, “pero a la vez qué bueno que en esta Navidad podemos tener los ojos puestos en lo esencial y mirar a ese Dios que está en lo pequeño, y que hoy es Eucaristía”. Tuvimos luego la oportunidad de adorar a Jesús Sacramentado besando el viril, y no a la clásica imagen del Niño. Cuánta vida nos llegó al romper los esquemas y mirar a Jesús donde siempre ESTÁ acompañándonos como comunidad.
¡Claro que nuestra familia parroquial tendría el espacio para su cena y el compartir fraterno! Fue el sábado 26 de diciembre la fecha escogida. Los jóvenes éramos responsables por la Gala y las mujeres “valientes” de la preparación de la comida y la limpieza: ¿Cuánto ensayó en el grupo musical y los animadores de la noche; cuántos fongos (plátano burro) y calabazas picaron nuestras mujeres; cuántas mariquitas frieron Arturo, Manuel y Susanita; cuántas vueltas daba el padre Leandro para supervisarlo todo; cuántas meriendas y cafecitos tuvo que preparar Elba (siempre tan bienvenidos y aplaudidos); cuántas horas tardamos los jóvenes en “maquillar” el templo; cuántas personas contribuyeron sin que sepamos sus nombres?… MUCHÍSIMAS (OS).
Gracias a todo este trabajo que hizo sacudirse hasta al más perezoso de la comunidad, tuvimos una noche memorable. Unas quinientas personas compartiendo y celebrando la Navidad, como la familia parroquial que somos. Ni los cien regalos que se rifaron, ni la buena animación y música, ni lo hermosa que se veían los andamios adornados; fueron más vivos en la noche que la risa y el conversar de toda Santa Teresita.
Hoy en la mañana, todos estábamos tan cansados que hubo quien se quedó dormido de pie en la misa. Un derroche de armonía y gratitud percibí apenas entré al templo, desde los niños hasta los más longevos, fue sin duda la mejor manera de celebrar nuestra fiesta de la Sagrada Familia. Al lado del altar llamaba la atención de todos un árbol diferente, con ramas firmes y secas, lucecitas, pero con un hermosísimo follaje hecho de los corazones verdes que cada uno hizo como signo para la celebración, y donde se plasmaba una oración por nuestras familias.
Cuando avancé y coloqué el mío tuve la certeza de que el árbol de Navidad de la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, en Santiago de Cuba, era el más bonito del mundo. Fue la comunidad quien lo creó, adornado con oraciones. Entonces contemplé la semana: nuestra Navidad fue construida con la participación de todos; así como Dios mismo anunció su Amor y se encarnó, haciéndonos partícipes de ese amar.
Solo el que es capaz de soñar es capaz de transformar, cuántas esperanzas quedan mutiladas en un mundo que hace de la Navidad una venta de lo que adorna. Cuánto ruido nos distrae del misterio del Amor, que CREA…