Olga Tañón peregrina al Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre
Texto de archivo publicado el 16 de diciembre de 2015 en la sección «Noticias de Santiago de Cuba».

Mercedes FerreraAngelo
Foto Padre Valentín Sanz
Arquidiócesis de Santiago de Cuba, 11 de diciembre de 2015:La noticia de que la popular artista visitaría el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad en El Cobre ya había sido difundida días antes. Ella misma lo había manifestado en un popular programa de la televisión cubana, de ahí que las expectativas en el pueblocrecieron rápido y fueron muchos los santiagueros que pensaron en alistarse para no perderse la ocasión.
La misa fue programada para la tarde del domingo 6 de diciembre.Desde temprano el templo se fue llenando de fieles y visitantes del Cobre y un poco más allá. Por fin, un poco antes de lo previsto, unapequeñacaravana de autos anunciaba que había llegado la esperada peregrina. Luego de saludos y una sencilla bienvenida en la entrada del Santuario, lo primero, como hace todo peregrino al llegar allí, sería el ofrecimiento de flores de ella y su familia a la Madre.
Fue un momento íntimo y sentido. En silencio, allí en el lugar del que tanto había escuchado hablar, junto a la Virgencita, se hallaba esta mujer que ha pisado grandes escenarios y que en ese momento se acercaba, sin cámaras, luces, ni artificio alguno a este sitio sagrado para poner con humildad a los pies de la María, sus intenciones por su familia, en especial por la salud de su hija.

La misa, presidida por el padre Jorge Catasús, responsable de la Comisión Diocesana para la Cultura, acompañado de los padres Valentín Sanz y Gustavo Cunill, párroco del Cobre, comenzó poco después de las 3.30 p.m. Durante la homilía el padre Catasús invitó a los presentes a reflexionar sobre el Adviento, la espera, la misericordia y María, que con el nombre de Caridad y Providencia ha acompañado y acompaña la historia y la fe de los pueblos de Cuba y Puerto Rico.
En el recuerdo de todos los presentes quedará especialmente ese espacio de tiempo después de la comunión cuando, en un gesto muy espontáneo, ella dejó su lugar para unirse al coro e invitar a todos a participar del canto y luego como parte de esaacción de gracias regalar a los presentes su testimonio de mujer y de madre, ante todode creyente, agradecida y siempre suplicante.
Su oración a la Madre fue conmovedora y sincera, de esas quesolo suelen hacerse en un lugar como el Santuario. En medio de un respetuoso silencio y con el fondo tenue de la música que Melvin Rodríguez, director del coro de la parroquia del Cobre, tuvo la gentileza de interpretar, su súplica se convirtió en la súplica de todos los presentes: jóvenes o ancianos, cercanos o lejanos, creyentes o no.
Antes de la despedida y el ofrecimiento de las velas, un último un deseo, regalar a los presentes unos Rosarios, bendecidos al final de la misa, con la expresa intención de invitar a la gente a rezar a Dios y a la Virgen, siempre, en todo momento y ante cualquier circunstancia.
Fue una tarde intensa, sentida, con emociones de los más diversos tonos e intensidades. Fue un tiempo que sirvió para expresar amor y fraternidad, de corazón a corazón, y que quedará como símbolo de cómo la fe, la música, el respeto, la buena voluntad y el amor pueden unir personas, caminos e intenciones y hermanarlas con lazos verdaderamente perdurables.