Homilía de Mons. Jorge E. Serpa Pérez en la Ordenación Sacerdotal del P. Juan Lázaro Vélez González (Pacheco).
Texto de archivo publicado el 10 de septiembre de 2015 en la sección «Noticias de Pinar del Río».
Lecturas de la Eucaristía: Is. 61. Salmo 115 2 Cor. 4. 1-7 Ev. Jn. 15. 9-17
Catedral de San Rosendo, Diócesis de Pinar del Río, 5 de septiembre de 2015/ Un saludo afectuoso a todos los presentes.
Es un tiempo hermoso para celebrar esta ordenación sacerdotal. Estamos preparando la fiesta de la Patrona de todos los cubanos, Ntra. Sra. De la Caridad, es a Ella, a la Virgen, a quien he confiado esta intención de las vocaciones tan necesarias y urgentes para nuestra diócesis y a decir verdad, he constatado su intercesión. También sentimos la alegría de un pueblo que con esperanza espera la visita del Papa Francisco quien viene como Misionero de la Misericordia y que seguramente nos impregnará con su testimonio, de ese Espíritu del Señor, que se acerca y ama al hombre como un Padre misericordioso.
También es motivo de alegría para nosotros Juan Lázaro: Dios bendice a su Iglesia con un nuevo sacerdote y en esta ocasión con un hijo nacido en esta Iglesia particular de Pinar del Río y bautizado en La Palma. Al mirar la historia de estos últimos años, pocos son los que se han ordenado, sin embargo, la generosidad de otros hermanos sacerdotes ha permitido que el amor de Dios penetre el corazón de muchos hombres que hambrientos y sedientos de las cosas de Dios han quedado saciados por el ministerio de estos sacerdotes venidos de otros países.
Tu mismo Juan Lázaro, has hecho este camino de encuentro con Dios y en el proceso has encontrado personas que con su testimonio de vida cristiana, como es el caso del P. Tiburcio (quien te bautizó); a quien recuerdas como un hombre comprometido con su fe a pesar de los momentos difíciles que se vivía, recordarás también a tus catequistas, esto nos hace comprender la importancia de la comunidad cristiana en los procesos de acercamiento a Dios y a los hombres. Estas personas con su testimonio y sus enseñanzas jugaron un papel importante en tu vida. Así es, el cristiano ayuda a su hermano a encontrarse consigo mismo y con Dios.
Hoy, como nosotros, tu mamá Leonor, desde el cielo estará gozando de este momento, tu padre Juan, hermano, tíos y primos sentirán la alegría de que el Señor haya puesto su mirada en ti y que al llamado “Ven y Sígueme” tú hayas respondido: “En tu nombre Señor, echaré las redes” (Lc. 5) y que a ejemplo de María la Virgen, tú puedas decir también “Hágase en mí tu voluntad”.
Pero ten en cuenta Juan Lázaro que hoy el Señor te ungirá y te enviará a dar la Buena Noticia a los que sufren, no lo harás como lo hiciste en tu parroquia cuando colaborabas en las Pastorales o cuando ibas a las comunidades como Ministro de la Palabra.
El crisma con que te ungiré es signo de la unción con el Espíritu, es tu consagración para la misión profética como lo dice Isaías. El mensaje que te pedimos proclamar, debe ser de liberación y de consuelo, nunca de pesimismo ni derrotas y todo lo tendrás que realizar con esa conciencia de que eres todo para Dios y para el servicio de tus hermanos.
Debo decirte, que para esta ordenación, no eres tú el único que se ha preparado en la oración y la reflexión sino también ha sido una ocasión para mí el hacerlo, porque al conferir este sacramento descubro lo extraordinario que es ser sacerdote.
Tú escogiste las lecturas que se han proclamado. La primera lectura, fue la misma de mi ordenación sacerdotal y siempre la he tenido presente, “ungido por el Señor para ser no sólo su profeta sino también su testigo”. Esta fuerza del Espíritu te estará urgiendo siempre sobre el valor de la misión evangelizadora de la Iglesia, la cual exige: Santidad personal como pastor, ferviente sentido apostólico, descubrir cada vez más tu responsabilidad y deberes, consciente de que la salvación de muchos hombres depende de la fidelidad en mostrar a Cristo con la palabra y la vida.
Está claro que el Espíritu de Dios es quien anima la vida entera de Jesús y que sus seguidores hemos de introducirlo en la historia humana. De ahí que tenemos que tener claro hacia dónde empuja a Jesús el Espíritu de Dios, pues seguirlo es precisamente caminar en su misma dirección.
Juan Lázaro, no lograrás hacerlo si no sientes la misma “pasión que impulsa a Jesús de comunicar liberación interior, esperanza, luz y gracia a los más pobres y necesitados, oprimidos y humillados y esto nos obliga a todos, como Iglesia, a ayudar a que nazca la liberación interior del hombre, porque Dios no es neutral frente a las injusticias de los hombres.
Pablo entendió perfectamente este mensaje, de ahí que le explica a los Corintios “No nos anunciamos a nosotros, sino a Jesucristo como Señor y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús”, esa es la clave: “POR AMOR DE JESÚS”.
Nuestro ministerio es de servicio, llevado a cabo en la humildad, en la pobreza y el sufrimiento. Es un ministerio sin brillo ni prestigio humano. Sin embargo, es precisamente en esta oscuridad en donde aparece y se experimenta la gloria de Dios. Sí Juan Lázaro, no podemos desviarnos del verdadero amor que es Jesús, así reza el evangelio proclamado: “PERMANECED EN MI AMOR”. Eso es lo primero, “vivir en el amor con que nos ama Jesús”.
Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico, consiste en “guardar sus mandamientos” y nos lo dice con todo cariño: “este es mi mandamiento, que se amen unos a otros como yo los he amado”.
No metas en tu vida muchas normas, ni te cargues de ídolos, ni busques justificaciones, una sola cosa es importante: cumplir el mandamiento del Señor y no otro: AMAR Y PERMANECER EN SU AMOR.
Irás a la parroquia de CONSOLACIÓN acompañando al P. Wilmar en la tarea pastoral, pero la presencia de Cristo, representado por ti sacerdote, que te convierte en guía sacramental de la comunidad, permitirá que esa parroquia sea realmente una comunidad eclesial. Tener un sacerdote como pastor, es de fundamental importancia para la comunidad eclesial, de ahí, que las comunidades cristianas deben esforzarse en orar pidiendo al Señor vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada. La comunidad cristiana debe apoyar a su sacerdote y comprender y valorar su ministerio y su vida.
Pero a nosotros nos compete el ser coherentes con nuestra consagración en la línea de lo personal y en el servicio a los demás. Hemos sido consagrados en la Iglesia para un ministerio específico: “Proclamar la Palabra y entregar el Pan de Vida” y en este servicio, debemos santificar nuestras vidas, pero sobre todo, estamos llamados a contribuir allí donde la Iglesia nos pide para la formación de la comunidad del pueblo de Dios.
Cuantas veces, Juan Lázaro, al hablar de acontecimientos y personas, escuchamos esta frase: “Los misterios de Dios, eh padre, los misterios de Dios”: Sí Juan Lázaro, de ese Dios que “te sondea y te conoce”. Sí, de ese Dios que se da amorosamente, que abarca todo el ser humano, de ese Dios cuyo amor resulta inenarrable (hay que vivirlo), que está por donde quiera y nada impide su presencia, que todo queda iluminado por su presencia divina y que va entretejiendo al ser humano hasta impregnar su estructura humana con esa fuerza divina hasta dejar la huella de Dios en la carne, es decir en el hombre.
El ser humano es un misterio, pero misterio de Dios que es amor, de un Dios que nos estrecha y abraza no para ahogarnos o condenarnos sino para orientar los pasos hacia el amor. Si quieres saborear el amor de Dios y apreciar la dignidad del hombre, vendrá bien recordar este salmo.
Esta fuerza que viene de Dios nos conduce a practicar lo que San Pablo nos indica en su carta a los Colosenses: “abandonar el hombre viejo, marcado por el pecado y revestirnos de la nueva condición que es lo mismo que revestirnos de Cristo, que significa entrar en el dinamismo de una nueva creación en la que hombres y mujeres se van renovando a imagen del creador y donde todas las barreras que dividen y discriminan, desaparecen y se trabaja por crear la paz, la armonía que confiere al hombre la verdadera dignidad del ser humano.
Esa fuerza de la que habla Pablo es la que estás recibiendo en este momento, la fuerza de Dios, que es amor, más poderosa que todo el poder que se ha desencadenado por las revoluciones políticas, sociales o ideológicas y que han agitado a nuestro mundo, pero, dejándolo la mayoría de las veces, peor de lo que estaba.
Por encima de todo, el amor, que penetra el corazón del creyente por medio de la Palabra de Cristo. Al mismo tiempo que es un don, esto se aprende en el contacto con el Señor.
Ahí tienes en este texto del evangelio de Lucas una gran enseñanza de cómo Dios actúa en la historia humana y a través de qué tipo de personas actúa. María e Isabel, personas sencillas, pero llenas de un gran deseo de hacer la voluntad de Dios.
Mientras los poderosos se esfuerzan por conducir la historia bajo los criterios del poder, el tener y el dominio, dejando al lado una cantidad de empobrecidos, marginados y excluidos, Dios va realizando su acción en el mundo con criterios diferentes, con personas libres y liberadas, cuyo compromiso invitan a que las imitemos, como María que proclama la grandeza de Dios no sólo con los labios sino que lo pone en práctica en cada instante de su vida.
Que esta ordenación, que esta celebración, en un momento de silencio, sea decirle nuevamente a Dios: GRACIAS SEÑOR.