Una pausa (oportuna/bendita) para la familia y la amistad
Texto de archivo publicado el 9 de septiembre de 2015 en la sección «Noticias de La Habana».
Convivencia de matrimonios jóvenes del verano 2015
Por: Erick Álvarez y Anabel Alpízar
La Habana, 5 de septiembre de 2015 / Gratitud, aprendizaje, convivencia familiar, amistad, confianza, compromiso, cultivo de la interioridad, conocimiento personal, comunicación, perdón, manejo del tiempo, acompañamiento personal, vivencia matrimonial, sanación interior, alegría en el Señor, redescubrimiento de valores, estas fueron algunas de las notas fuertes con que esposos y esposas resumieron su experiencia vivida en la Convivencia de matrimonios jóvenes del Verano 2015. Convocados por el grupo de matrimonios jóvenes ¨Canᨠde la arquidiócesis de La Habana, del 21 al 23 de agosto en la hermosa finca Las Marianitas, en las afueras de la ciudad, 8 matrimonios jóvenes y 2 parejas de novios que se preparan para consagrar su alianza se reunieron para compartir la vida y la fe. Carlitos y Lina, un prolífico matrimonio cristiano de más de 20 años ¨arando la carreta¨, con su hija Isita, cruzaron generosamente toda la isla desde Bayamo para acompañarnos y guiarnos en un encuentro maravilloso donde el principal protagonista fue cada pareja.
De todo hubo en el ¨menú¨ de esas 48 horas entre amigos, amenizadas e interrumpidas por los juegos y reclamos de los niños que también gozaron de su propio espacio en las manos seguras y bajo la mirada atenta de la joven Isita en un derroche de madurez y responsabilidad que hizo posible el trabajo y el descanso de los padres. Mañanas y mediodías de relajación y meditación hasta las profundidades de mi espacio interior, momentos de reflexión personal sobre temas de impacto en la vida familiar, diálogo en la pareja, sesiones de masaje y compartir grupal; todo esto a veces combinado en perfecta sincronización con los efectos especiales de un campo esplendoroso sacudido por el viento, estremecido por los truenos o bañado por una lluvia torrencial, que nos hacía sentir más unidos a todo: a la naturaleza, al Creador, a nuestro amad@, a nosotros mismos, al hermano sentado a nuestro lado. Tal parecía que Lina y Carlos se habían puesto de acuerdo con Aquel que nos congrega para hacernos vivir instantes mágicos de contemplación y revelación interior.

Tardes deportivas con remates y rebotes, ponches, jonrones, rectas supersónicas y bates voladores, goles y fintas, efectos y puntos, pollonas y viajeras, pequeñas ¨trampas¨, acaloradas discusiones sin árbitro y todos convencidos de tener la razón. Diversión salpicada por las ocurrencias de Lucas y las sorprendentes hazañas de Luis Felipe, o interrumpidas por el llanto de Almudena, el puré de Carolina o un culero nuevo para Julián Javier. Noches de tertulias para hacer un viaje en el tiempo hacia el futuro palpando el testimonio e intentando descifrar ingredientes y fórmulas de un longevo amor que aún conserva e irradia toda la frescura de la juventud. Y cuando ya el silencio se apoderaba de la oscuridad y el sueño iba venciendo nuestras fuerzas, una ¨maratón¨ interminable de emociones incontenibles, de preguntas incontestables y elocuentes respuestas, volvía a despertar en risas hasta los pistilos de las flores y nos hacía saltar de las sillas como para aplaudir un ¨Touch Down¨ en el minuto final de un partido decisivo de fútbol americano.
Estar todos juntos alrededor de la mesa, bendecir los alimentos y partirlos para todos, la disposición a servir a los otros, la ayuda mutua en el fregado y la limpieza, la amabilidad y la contribución al bien común puesta de manifiesto en tantos pequeños pero significativos detalles y gestos solidarios fueron los complementos cotidianos que sellaron la feliz comunión de aquellos días en un ambiente de auténtica fraternidad. Sin dudas cuando hombres y mujeres se esfuerzan en poner a Dios como eje de sus vidas, como fundamento de su unión, en el centro de su amistad y de sus relaciones humanas, Él llena la existencia con signos imborrables de su presencia entre nosotros y de su actuar incesante en favor de sus hijos, para hacernos cada vez más eficaces instrumentos de su amor.
El domingo, día de la despedida y mañana de resurrección, celebrar juntos la Eucaristía en el Santuario del Rincón fue ocasión especial para agradecer al Señor desde lo profundo del corazón por tantas personas que nos han apoyado a llegar hasta aquí y hacer realidad este sueño: el padre Israel, Nelson y Marilín, Maripaz, monseñor Juan de Dios, el Movimiento Familiar Cristiano, la Comisión Nacional de Familia, las Hijas de la Caridad y los trabajadores de Las Marianitas, Lina y Carlos, Ana Belén y Luis Manuel, todo el grupo ¨Canᨠy otros que mi ingrata memoria olvida pero que Dios bien conoce. Que el privilegio de esta parada en el camino, en medio del turbulento y acelerado ritmo de la rutina diaria en que se fugan nuestros días, haya sido para estas jóvenes parejas unidas en Cristo, no solo un oasis para la renovación de sus promesas esponsales y una oportunidad para crecer juntos y adquirir nuevas herramientas para una vida exitosa en pareja, sino también y sobre todo, un impulso al apostolado y a la entrega fecunda y encarnada en todos los ambientes donde nuestra vida se asienta y despliega su novedad cristiana, que nace de la comprensión de nuestra vocación y misión propia en la Iglesia y en el mundo.