Con el silencio de Dios: un Año para la Misericordia
Texto de archivo publicado el 11 de marzo de 2016 en la sección «Noticias de Cienfuegos».
Jorge Luis Lanza Caride
Diócesis de Cienfuegos, Catedral de Cienfuegos, 10 de marzo de 2016: Una de las frases compartidas por el hermano marista Theo Hernando con los laicos presentes en el retiro cuaresmal desarrollado en la Catedral de Cienfuegos, el sábado 5 de marzo pasado, fue: Un testimonio vale más que mil discursos, invitación a reflexionar sobre la necesidad de misionar y mirar la fe en las obras dejando atrás el esquema del “conventillo”, pues tal como exhorta el Papa Francisco necesitamos una Iglesia de puertas abiertas que mire a las periferias.
Según el hermano Theo: “El rostro de Dios es la experiencia más clara de la misericordia”, recordándonos la importancia que esta tiene en un mundo donde impera el dolor y la soledad, conflictos de múltiples naturaleza.
Estas ideas fueron analizadas en la primera parte del encuentro entre laicos pertenecientes a las parroquias de Caonao, Buena vista y Tulipán, donde también se encontraban presentes el padre Ignacio Cruz, encargado de organizar este evento conjunto con el resto de los hermanos maristas, quienes también impartieron sus temas y desarrollaron dinámicas para estimular el desarrollo de la cita.
Después de un merecido receso el segundo momento inició con la intervención de Maritza, representante de la Comisión de Laicos, quien compartió su testimonio tras participar en el Encuentro Nacional de Laicos celebrado recientemente en El Cobre.
Durante ese espacio los presentes tuvieron la oportunidad de experimentar la gracia del Sacramento de la Reconciliación, administrada por monseñor Domingo Oropesa Lorente, obispo de Cienfuegos, y los padres Ignacio Cruz y Rafael Muñoz.
El retiro culminó con el debate por grupos del Decálogo del Laico Católico en Cuba, emanado del encuentro acontecido en El Cobre y cuyos puntos fueron debatidos con profundidad.
Al finalizar los asistentes oraron ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre junto al Obispo que les acompañó en esos minutos finales, despidiéndoles con la convicción de que una Iglesia misionera que ofrezca testimonios de fe y amor al prójimo constituye un imperativo impostergable de estos tiempos.