Misa Crismal en La Purísima Concepción de Manzanillo
Texto de archivo publicado el 23 de marzo de 2016 en la sección «Noticias de Bayamo-Manzanillo».

Carlos R. Escala Fernández
Diócesis de Bayamo-Manzanillo, Manzanillo, 22 de marzo de 2016: Presbíteros, religiosas y fieles de la Diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo, en el oriente cubano, se congregaron para celebrar la Misa Crismal, el martes 15 de marzo último, en el templo parroquial de La Purísima Concepción, en la Ciudad del Golfo de Guacanayabo.
Llegados de distintas comunidades, los asistentes se unieron en presencia y oración a los presbíteros que renovaron sus votos sacerdotales, como parte del ritual eucarístico de esta solemnidad presidida por monseñor Álvaro Beyra Luarca, obispo de Bayamo-Manzanillo.
Por vigésima ocasión en la historia de esta joven diócesis se dio continuidad a la tradicional bendición del Santo Crisma y los óleos de los Catecúmenos y Enfermos que han de usarse a lo largo del año litúrgico. El uso de estos aceites en la vida sacramental ha estado presente desde los tiempos de la Iglesia primitiva, tiene su origen en las costumbres judías plasmadas en las Escrituras y en el nombre mismo de Cristo, el Mesías, el Ungido.
En su homilía, Mons. Beyra Luarca recalcó que “ser ungido por Cristo es haber sido seducido por Cristo haber, demostrado en Él una confianza sin límites, es sentirse envuelto en un amor incondicional hacia Él”. Esta festividad diocesana es como la reunión de “una sola familia para dar las gracias por el mayor don que Dios nos ha dado y que celebraremos la próxima semana: la entrega redentora en la cruz de su Hijo por nuestra salvación y la inauguración de la vida nueva de la resurrección”, expresó el prelado.
Además del carácter sacro y la importancia simbólica de los actos que en la cita tuvieron lugar, fue también una celebración de la universalidad de la Iglesia fundada por Jesús que contó con un mosaico de nacionalidades en las figuras de los sacerdotes y frailes procedentes de Brasil, México, Polonia, Uganda, República Dominicana y Estados Unidos que trabajan junto los cubanos y las religiosas -también de distintos países- para cuidar del rebaño en el que deben reflejarse.
La oración, la música y los cantos del Coro Santa Cecilia a lo largo del oficio reforzaron el profundo sentido místico y la comunión entre pastores y laicos.
Al concluir la Eucaristía, el obispo entregó a los representantes de las parroquias los santos óleos que harán “presente a Cristo, el Eterno y Único sacerdote” en las celebraciones de estas comunidades e impartió la bendición solemne a los presentes para que marchen cual “Iglesia peregrina” al lado del Señor durante mucho tiempo.
Antes de regresar a sus casas y pueblos, fieles y religiosos compartieron durante breves instantes y se despidieron con la esperanza renovada y el abrazo fraternal.